LOS GUAYAQUILEÑOS DEBERÍAN PODER APROPIARSE DE SUS PARQUES

EL PARQUE CENTENARIO

Un jueves de enero, seis y media de la tarde, la hora en que Guayaquil adquiere colores mágicos, con una brisa suave que viene del río, dos amigos y yo, decidimos caminar por 9 de Octubre hacia el Salado, mientras charlábamos sobre los acontecimientos diarios.  Oscureció y nos emocionamos al ver  nuestra tan hermosa  Columna de los Próceres, perfectamente iluminada.  Al querer entrar al Parque Centenario, nos pareció raro ver la verja cerrada con tan sólo un paso de unos 2 metros en el que se apostaban, 6 hombronazos vestidos de oscuro: 6 Policías Metropolitanos.  Igual, entramos al Parque pero, uno de estos policías se nos acercó y dijo, -Sólo pueden ir hasta la columna y regresar porque están cerradas las otras puertas. -¿Por qué? –preguntamos. –Por seguridad, dijo el hombre.  -¿Ha pasado algo?-inquirí, -No –dijo-  es que hay muchos ladrones.-  Entonces, por dónde aconseja Ud. ir hasta el otro  extremo del Parque para seguir hasta el Salado? – Por cualquier lado, Vélez o Primero de Mayo, da lo mismo –dijo.  Decidimos ir por Primero de Mayo  porque al mirar hacia Vélez  la oscuridad era muy grande, mayor que la vía que escogimos.

Si la presencia de ladrones presenta un conflicto entre la función de solaz, recreación e integración social que deben tener los parques y la seguridad de los ciudadanos, es cuestión de encontrar soluciones y no dejar que se convierta en un problema.   Esos seis hombres grandes, ataviados como policías, podían distribuirse mejor en el espacio público, además que se podría mejorar la iluminación no sólo del Parque sino de las veredas y las calles que lo circundan.

Los parques son espacios democráticos, de libre acceso, donde se crean relaciones sociales, sin diferencias  de ninguna clase; son espacios para crear bienestar social porque sirven para la recreación, la contemplación de la flora, la recreación de la historia, entre otras cosas.  Los parques contribuyen a crear la identidad de la ciudad.

Los ciudadanos deberían apropiarse de los parques lo que da sentido de pertenencia y crea conciencia social y ambiental. Por ejemplo, la gente de mi generación, recordamos nuestro Parque  Centenario donde andábamos en triciclo, aprendimos a andar en bicicleta, jugábamos a la pega y al escondido, mientras subíamos y bajábamos por el mármol de la columna y aprendíamos con el corazón la gesta del 9 de Octubre de 1820.

Para que los guayaquileños vuelvan a apropiarse de nuestro querido Centenario, puede pensarse en convertir este maravilloso espacio, en un centro social y cultural desde el cual se ayude a crear conciencia social, organizando diferentes eventos, especialmente cuando termina la jornada de trabajo.  En el Centenario parque, se podría recrear con charlas, música y poesía, la contribución de Guayaquil a la libertad de la Patria, explicando la historia a partir de cada uno de los monumentos; se podría establecer espacios tranquilos para la meditación y la lectura; organizar bailes para personas jubiladas y de la tercera edad; se podría organizar ferias de diversa índole; volver a tener una biblioteca;  organizar kermesses; y muchas otras cosas.

Para evitar conflictos, este parque, como otros que hay en la ciudad, deben tener su propia regulación, la misma que debería ser expuesta en carteles grandes, con el propósito de que todos los que concurran al Parque lo sientan suyo y aprendan a quererlo y cuidarlo.

Es absurdo que se excluya a los ciudadanos de los parques so pretexto de seguridad.  Los parques deben servir para acercarnos más entre los ciudadanos y revertir la tendencia de hacer de Guayaquil una ciudad no inclusiva donde la percepción de inseguridad es alentada por las propias autoridades.

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