NOSTALGIA POR LOS AÑOS VIEJOS DE ANTES

NOSTALGIA POR LA COSTUMBRE ANTAÑONA DE LOS AÑOS VIEJOS

Los Años Viejos han cambiado, nada tienen que hacer los monigotes de hoy, por muy perfectos y enormes que sean, con los de antaño. Yo dudo también si el significado sea el mismo.
Se dice que la tradición de hacer Años Viejos empezó por finales del siglo XIX, cuando Guayaquil pasaba una epidemia de fiebre Amarilla, que había dejado mucho dolor y tristeza en las familias. Entonces, quemaron pajas con la ropa de los familiares fallecidos a causa de la enfermedad y así, simbólicamente, se ahuyentaba no sólo la peste sino también la desesperanza, el miedo, los pesares. El fuego es purificación, transformación, es muerte y es también vida.
Yo recuerdo, a fines de los años 50 y en toda la década de los 60 y también en los 70, la fiesta que se armaba en cada hogar, por la confección del Año Viejo.- Intervenía toda la familia. También se hacían Años Viejos en los barrios, donde la muchachada se vestía de “Viudas” que lloraban por el viejo que se moriría a la media noche. Los chicos corrían con latas que hacían sonar, pidiendo con una cantaleta: “Una caridad para el Año Viejo”
Lo del Año Viejo era un asunto familiar, barrial, gremial, en el que se involucraban todos los integrantes: era un asunto ritual y espiritual porque suponía reunirse para revisar los sucesos acontecidos en “el año que se va” y tomar conciencia de las cosas malas y buenas que había dejado “El Viejito”. Así, cuando llegaran las doce de la noche, la hora de quemar al Viejo, se quemarían también las tristezas, la desesperanza, los vicios y malas prácticas, la mala suerte, el desaliento, para que ese bagaje de miserias humanas, sea entregado al fuego purificador y de la pira, surja el amor, la buena fortuna, las virtudes, los buenos deseos, la esperanza de un feliz, venturoso y próspero Año Nuevo.
Por eso, había que quemar a un VIEJO, semejante a uno mismo, a su familia, a su profesión, a su barrio. Así, frente a la tienda de la esquina, había un Año viejo tendero; frente al taller, el Año Viejo era un mecánico. Todas las “bombas” tenían un bombero de Año Viejo, los vigilantes tenían el suyo; en los hospitales los Años Viejos eran doctores y enfermeras. Los guardianes tenían a un Viejo de paja a su lado, igual los barrenderos, músicos, etc. Los abogados, economistas, banqueros, ponían frente a su oficina, a su respectivo Año Viejo, bien guapos y bien vestidos. Los equipos de fútbol no se quedaban atrás.
Los monigotes que se armaban, eran de paja, con una careta de papel que cada quien acomodaba con más algodón en las barbas y bigotes. La ropa con la que se vestía al Año Viejo, caracterizaba la profesión, ocupación o tarea del aludido. Incluso había artistas de caretas, a los que uno le llevaba la foto del abuelo, del papá, del jefe y ellos hacían una careta muy, pero muy parecida aunque avejentada, del susodicho.


En mi casa, días antes del 31 mi papá habría conseguido paja, del almacén de don Felipe Zambrano, que importaba las máquinas industriales de coser Brother.- En ese entonces, era fácil conseguir paja puesto que toda la mercadería de importación venía estibada con paja, para que no se lastime.
La mañana del 31 mi papá amanecía con la pijama que sería más tarde el cuerpo del Año Viejo. Mi mamá, que era experta en hacer muñecos de paño y tela, venía con un lápiz y señalaba sobre la pijama por dónde irían las costuras, para moldear los brazos, el pecho, la barriga, las piernas –en esa época todos los papás tenían pijamas de tela con mangas y piernas largas. Cuando ya estaba cosida la pijama y se asemejaba a un cuerpo de un joven atlético, mi mamá se la entregaba a mi papi quien con todos los niños nos dábamos a la concienzuda tarea de rellenar el Año Viejo –bien apretado, para que entre la mayor cantidad de paja posible; por un lado un equipo rellenaba las piernas, por otro, el otro equipo, el torso y los brazos. Mi papá metía de vez en cuando, sartas de unos cohetes chinos rojos. Cuando las dos partes estaban rellenas, aparecía otra vez mi mami con una agujeta e hilo grueso, para unir el torso con las piernas y hacía, además, otras costuras estratégicas para que el monigote pudiera sentarse en una silla, doblar elegantemente la pierna y hasta dar la mano.- Por último, cosía dos calcetines rellenos con paja al final de cada pierna de la pijama y metía un palo por el cuello para sujetar la careta. Al principio sólo había máscaras y mi mamá tenía que coser una cabeza con una tela sobre la cual irìa la màscara. Después, hubo ya caretas enteras.
¡Ya estaba el Año Viejo! Pero, realmente estaba desnudo pues la pijama se suponía que era sólo la piel. Entonces, había que vestirlo. Se escogía un buen traje de los que a diario usaba mi papá para ir a trabajar, camisa blanca de cuello, una corbata.
¡Bravo! ¡Ya teníamos un Año Viejo economista! Muy elegante el Viejito, lo sentábamos en el balcón o en la sala hasta que sean las doce de la noche. Allí recibía pleitesía de todos los amigos pues en casa, el 31 era Casa Abierta todo el día. Antes de las 12, se leería su testamento, pues el Viejito legaba cosas buenas y precisas para cada miembro de la familia.
Antes de las doce, desnudábamos al Año Viejo pues la “ropa buena” mi mamá no dejaba que se queme. Bajábamos al Año Viejo ,desnudo, hasta la media calle, donde junto con él, se quemaban los pesares, los disgustos, los sinsabores, las aflicciones, los tormentos, los remordimientos, las cuitas del año que se terminaba para que el fuego de paso al optimismo, a la esperanza, a la certeza de un nuevo año próspero, con salud, dinero y amor.
Fue Diario El Universo el que comenzó a hacer “Concursos de Años Viejos” que se exhibían en la Calle 9 de Octubre.- Se inscribían los barrios, desde los cuales la creatividad explosionaba, sobre todo para tratar los temas políticos. Miles de personas se volcaban al Boulevard 9 de Octubre para admirar y comentar la picardía criolla. Recuerdo el año que ganó el premio el Año Viejo que significaba el Puente Rafael Mendoza Avilés, sobre el río Guayas, que iba de una acera a otra sobre 9 de Octubre, fue el año que despedimos para siempre a las gabarras para ir a Durán.
Después, cuando fue Gobernador del Guayas el Ab. Jaime Nebot, se prohibió hacer Años Viejos alusivos a temas políticos, probablemente porque los partidarios del régimen del Presidente Febres Cordero y sus adversarios, eran tan radicales que mejor se evitaba innecesarias riñas y contratiempos.
Esta especie de censura previa, nos quitó el placer de reírnos de nosotros mismos y de nuestros demonios, que se quemarían con el último minuto del año. Después, cambió el asunto.- Ya no se hacían Años Viejos, se empezaron a hacer muñecos increíbles que representaban a los dibujos animados de películas y televisión. A los niños les encantaba poder llevarse a casa a Superman, al Hombre Araña, al Burrito de Shreck y a Shereck mismo y su princesa, al Pato Donald, a Micky Mouse, al Muñeco Chuqui, a los Picapiedra. También podías llevarte un jugador de Barcelona o de Emelec, un charro, un Chavo del Ocho o un Kiko, monstruos y transformers que repletan las pantallas; en casa mis hijos compraban La Chilindrina. Claro que también te puedes llevar un Presidente o un Alcalde, pero sin alusiones políticas.
Todavía hay quienes, como yo, quieren conservar la tradición del verdadero Año Viejo.- Ya no lo hacemos en casa, pero compramos un monigote “desnudo” y en casa lo vestimos con ropa de abogado –que se la quitamos antes de arrojarlo a la hoguera – le ponemos una careta de viejo guapo y lo quemamos a las 12h00 en la misma pira donde también se quemarán Batman, la Sirenita, el Bombillo de Emelec y el Toro de Barcelona, la Bella y la Bestia, Maléfica, algún Correa y otro Nebot.
En esa enorme pira, se queman penas, congojas, desconsuelos, desventuras, disgustos, tribulaciones, cuitas, desamores, tristezas, nostalgias, aflicciones, enfermedades, quebrantos, malas suertes, pesares, ausencias, para dar paso al optimismo, alegrías, bonanza, alborozo, entusiasmo, prosperidad, ventura, fortuna, viajes, placeres, salud, dinero y amor.
Para asegurar lo dicho, hay quienes a las 12 en punto se atragantan 12 uvas con cada campanada, otros que cogen una maleta y van a dar la vuelta alrededor de la manzana, otros que besan 12 monedas de un dólar.- Lo que no puede faltar, es vestirse de amarillo o al menos, ponerse el calzón amarillo.

 

Domenica Tabachi representa a la mujer guayaquileña puesto que su cargo de Vicealcaldesa lo ganó por decisión libre y democrática del pueblo guayaquileño. Como dice la canción GUAYAQUIL DE MIS AMORES, aquí hay rubias y hay morenas; Guayaquil siempre ha sido un crisol donde se funde la raza autóctona con las razas de migrantes americanos, europeos, asiáticos, africanos atraídos desde antes de la Colonia por la condición de puerto que favorece el comercio. Guayaquil no discrimina a nadie, menos a una mujer, una madre, que valientemente asume sus responsabilidades cívicas y en cuyos ancestros existen luchadores populares. Yo discrepo probablemente con muchos de sus puntos de vista puesto que ideol{ogicamente pertenecezco a una tendencia distinta. Pero me alegra que ella de la cara y haga presente a la ciudad en muchísimos eventos sociales y culturales a los que no acude ni presta atencion el Alcalde. Yo he luchado por la participación de las mujeres en la vida pública, en los puestos donde se toman decisiones que afectan a la comunidad, en los puestos de dirigencia de los diferentes partidos y movimientos políticos. Su cargo de vicealcaldesa es producto de nuestra lucha, la de las mujeres que estuvimos en el Parlamento del año 2000. Ojala que los comentarios del señor Presidente le afecten y asuma con más garra su responsabilidad y atribuciones.

12 de diciembre de 2014

 

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