ROMPO CABEZAS, COSTILLAS NO PAGO

ROMPO CABEZAS COSTILLAS NO PAGO.-

 

A Chachita y a sus hermanos  les encantaba jugar en la bodega de cacao, en la Hacienda de su abuelito, en Buenavista.    Y es que en la tarde, cuando recogían el cacao de los tendales, lo guardaban en una bodega grande y con techo muy alto, en la que había un altillo en el que había que caminar agachados y que ocupaba una cuarta parte de la estancia.  Los trabajadores que recogían el cacao, lo llevaban a la bodega y hacían una ruma alta de cacao seco, en  toda la mitad del cuarto.  Los niños la veían altísima, tan alta, que era fácil brincar a ella desde el altillo donde dormían los gallos finos del abuelo.  Además, el aroma de chocolate, les encantaba.

Para los niños, el chiste era escabullirse en la bodega, trepar por la escalera de palitos de madera al altillo, eludir a los gallos y pegar un salto al vacío porque abajo los recibiría el tibio y oloroso grano de cacao, que casi los enterraba del impacto.-

Esta travesura no era sólo de los tres hermanos, sino que ellos iban arrastrando a unas tres criadas, chicuelas de la edad de los niños, que compartían con ellos juegos y travesuras y, también a un par de vecinitas.  Así, se armaba una verdadera tropa.

Los chicos se sacaban los zapatos “para no quebrar el grano”, volaban al altillo, medio agachados entre los asustados gallos, cogían pista y ….. zas, al vacío.  Al caer, había que levantarse de inmediato puesto que si no lo hacían, caía sobre ellos otro compañero de la travesura y sí que le dolería el golpe.-  Pero, eso sí, el que se tiraba, tenía que gritar: ROMPO CABEZAS, COSTILLAS NO PAGO.-  De esa manera, alertaba su salto y se excusaba si le hacía daño a otro al caer.-  Claro, en este tropel, se distinguía  el hermano de Chachita, el General Candela, el único hombre de la tropa!  Para él, el chiste era caer más rápido para aporrear al que se demoraba en levantarse.-  Así, su grito de guerra ROMPO CABEZAS COSTILLAS NO PAGO, era el más estridente, que acompañaba de risas y más risas hasta que mi abuelito oía la algarabía, abría la puerta de la bodega y … FIN DE LA FIESTA, a esconderse porque de ley, que les caería un coscorrón.

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